EL «OJO DE LA AGUJA»*

René Guénon

 

Según hemos dicho anteriormente, una de las representaciones del símbolo de la “puerta estrecha” es el “ojo de la aguja”, particularmente mencionado con esa significación en un conocido texto evangélico [1]. La expresión “ojo de la aguja” es particularmente significativa a este respecto, pues relaciona más directamente ese símbolo con algunos de sus equivalentes, como el “ojo” del domo en el simbolismo arquitectónico: se trata de figuraciones diversas de la “puerta solar”, que a su vez se designa también como “Ojo del Mundo”. Se advertirá además que la aguja, cuando se la pone verticalmente, puede tomarse como figura del “Eje del Mundo”, y entonces, estando en alto la extremidad perforada, hay exacta coincidencia entre la posición del “ojo” de la aguja y la del “ojo” del domo.

Este mismo símbolo tiene también otras conexiones interesantes, que han sido señaladas por Ananda K. Coomaraswamy [2]: en un Játaka [o relato de las ‘Vidas anteriores’ del Buddha], donde se trata de una aguja milagrosa (en realidad idéntica al vajra), el ojo de la aguja se designa con la palabra pâli pâsa [3]. Esta palabra es la misma que el sánscrito pâça, que tiene originariamente el sentido de ‘nudo’ o de ‘ojal’; esto parece indicar, en primer lugar, según lo señala Coomaraswamy, que en una época muy antigua las agujas no eran perforadas como lo han sido más tarde, sino solo recurvadas en uno de sus extremos, formando así una especie de ojal por donde pasaba el hilo; pero lo más importante para nosotros es la relación existente entre esa aplicación del término pâça al ojo de la aguja y sus otras significaciones más habituales derivadas igualmente, por lo demás, de la idea primera de “nudo”.

El pâça, en efecto, en el simbolismo hindú, es con más frecuencia un “nudo corredízo” o “lazo” que sirve en la caza para coger a los animales; en esta forma, es uno de los principales emblemas de Mrtyu [la ‘Muerte’] o de Yama [el dios de los muertos], y también de Váruna; y los “animales” a los cuales cogen por medio de ese pâça son en realidad todos los seres vivientes (paçu). De ahí también el sentido de “atadura” o “vínculo”: el animal, así cogido, se encuentra atado por el nudo corredizo que se cierra en torno de él; del mismo modo, el ser viviente está atado por las condiciones limitativas que lo retienen en su estado particular de existencia manifestada. Para salir de este estado de paçu, es preciso que el ser se libere de esas condiciones, es decir, en términos simbólicos, escape del pâça, o pase a través del nudo corredizo sin que éste se le ciña; lo cual equivale a decir que el ser pase por las quijadas de la Muerte sin que ellas se cierren sobre él [4]. El ojal del pâça es, pues, como lo dice Coomaraswamy, otro aspecto de la “puerta estrecha”, exactamente como el “enhebrar la aguja” representa el paso a través de esa misma “puerta solar” en el simbolismo del bordado; agregaremos que el hilo que pasa por el ojo de la aguja tiene también como equivalente en otro simbolismo, el del tiro con arco, la flecha que atraviesa el blanco por el centro; y de esto se dice propiamente “dar en el blanco”, expresión también muy significativa en el mismo respecto, pues el paso de que se trata, por el cual se efectúa la “salida del cosmos”, es también el “blanco” o la meta que debe alcanzarse para encontrarse finalmente “liberado” de los vínculos o ataduras de la existencia manifestada.

Esta última observación nos lleva a precisar, con Coomaraswamy, que solo en lo concerniente a la “última muerte”, aquella que precede inmediatamente a la “liberación” y después de la cual ya no hay retorno a ningún estado condicionado, el “enhebrar la aguja” representa verdaderamente el paso por la “puerta solar”, ya que, en cualquier otro caso, no puede tratarse aún de una “salida del cosmos”. Empero, analógicamente y en un sentido relativo, puede hablarse también de “pasar por el ojo de la aguja”[5] o de “escapar al pâça”, para designar todo paso de un estado a otro, pues este paso es siempre una “muerte” con relación al estado antecedente a la vez que un “nacimiento” con relación al estado consecuente, según lo hemos explicado ya en diversas ocasiones.

Hay aún otro aspecto importante, del cual no hemos hablado todavía, en el simbolismo del pâça: el que lo refiere más particularmente al “nudo vital” [6], y nos falta mostrar cómo esto se relaciona de modo igualmente estricto con el mismo orden de consideraciones. En efecto, el “nudo vital” representa el vínculo que mantiene reunidos entre sí los diferentes elementos constitutivos de la individualidad; él es, pues, quien mantiene al ser en su condición de paçu, ya que, cuando ese vínculo se rompe o deshace, se sigue de ello la desagregación de dichos elementos, la cual es, propiamente, la muerte de la individualidad, que entraña el paso del ser a otro estado. Transponiendo esto al orden de la “Liberación” final, puede decirse que, cuando el ser alcanza a pasar por el ojal del pâça sin que éste se apriete y lo coja de nuevo, es como si ese ojal se desatara para él, y ello de modo definitivo; no son, en suma, sino dos maneras diferentes de expresar la misma cosa. No insistiremos aquí sobre este asunto del “nudo vital”, que podría llevarnos a muchos otros desarrollos; hemos indicado en otro lugar cómo, en el simbolismo arquitectónico, tiene su correspondencia en el “punto sensible” del edificio, siendo éste la imagen de un ser viviente lo mismo que de un mundo, según se lo encare desde el punto de vista “microcósmico” o “macrocósmico”; pero, por el momento, lo que acabamos de decir basta para mostrar que la “disolución” de ese nudo, que es igualmente el “nudo gordiano” de la leyenda griega, constituye también, en el fondo, un equivalente del paso del ser a través de la “puerta solar” 



* Publicado en la revista Études Traditionnelles, enero de 1940. Constituye el cap. LV de la recopilación póstuma Símbolos de la ciencia sagrada.

[1] San Mateo, XIX, 24..

[2] Some Pâli Words, s. v. Pâsa, pp. 166-67..

[3] Játaka 3, 282: pâse víjjhivâ, “atravesada por un agujero” o “un ojo”.

[4] Cf. las figuraciones simbólicas de Shinje, forma tibetana de Yama.

[5] Cf. Dante, Purgatorio, X, 16.f.

[6] Este símbolo, del “nudo vital”, en los ritos del Compagnonnage, está representado por una corbata anudada en forma especial; es evidente la equivalencia con el nudo corredizo o el ojal del pâça [forma sánscrita correspondiente al pâli pâsa].